Perder ganando y ganar perdiendo: La paradoja del ajedrecista

La ilusión del resultado
Primero, está la victoria que nace de la inferioridad. Es en ese momento agónico donde estás "perdido", pero te aferras al tablero con uñas y dientes. Es el triunfo de la supervivencia, del cálculo frío en medio del caos, de encontrar recursos defensivos en casillas que parecían muertas. Aquí no ganas por superioridad técnica, sino por espíritu de lucha.
En el extremo opuesto reside la tragedia más común: perder estando ganado. Todo el trabajo posicional, la estrategia impecable y la ventaja material pueden derrumbarse por un solo microsegundo de desconexión. Un error de cálculo, una "ceguera" momentánea, y la partida se esfuma.
Sin embargo, es justo en ese abismo de la derrota injusta donde nace la verdadera resiliencia.
El talento se construye (La filosofía del 1%)
Aquí es donde entra en juego una verdad incómoda: el talento sin constancia es efímero. Para explicar esto, me gusta pensar en la mentalidad del fútbol japonés o la filosofía Kaizen: mejorar un 1% cada día.
Al cabo de un año, ese 1% compuesto te transforma en un ser completamente distinto. El ajedrecista no se hace en las victorias fáciles, se hace en la repetición, en volver a sentarse tras una derrota dolorosa y decir: "Voy a aprender de este detalle". El talento se vuelve robusto solo cuando se trabaja; de lo contrario, es cristal.
El entrenamiento invisible
A menudo, tanto jugadores como entrenadores se obsesionan con la apertura o el final, olvidando que el cerebro es un órgano biológico. Para que la mente brille en el tablero, necesita combustible. El entrenamiento invisible es vital:
- Descanso profundo: Dormir para reparar las conexiones neuronales.
- Hidratación y Nutrición: El cerebro consume una cantidad masiva de energía; sin agua y buena comida, el cálculo falla.
- Gestión emocional: Entender que la fatiga lleva al error.
Conclusión: El verdadero jaque mate
Al final del día, debemos recordar por qué empezamos a mover las piezas. No fue solo para ganar, sino por la belleza del juego. El objetivo final no es solo el punto, sino disfrutar el proceso, hacer el trabajo con alegría y sumar experiencia.
En el ajedrez, como en la vida, a veces se pierde ganando (aprendiendo una lección vital) y se gana perdiendo (cuando la victoria no nos enseña nada). La clave es seguir jugando, seguir aprendiendo y, sobre todo, nunca dejar de divertirse.
Por: NI/AIM Ing. Carlos Carmona Carrillo
